POR: Néstor Jaime Islas Carreto.
Llego la muerte cojeando,
sin esa mirada altiva;
dice viene mal herida,
por el delito de trata.
Pide no haya miramientos,
en contra de los padrotes;
cadena perpetúa al menos,
o mejor fusilamientos.
Que no es hombre bien nacido,
el que explota a una mujer;
por eso si no los capan,
que la cárcel sea el olvido.
En el panteón no los quiero,
clama la muerte enojada;
pues no son hombres buenos,
son Hijos de la Chingada.
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