LOS
NOVIOS
POR:NéstorJaimeIslasCarreto.
Todo comenzó como suelen iniciar creo
yo, la mayoría de noviazgos, nos encontramos en una fiesta a donde fuimos
invitados por un amigo en común. Desde el momento que entre y la vi ahí parada,
con su figura esbelta, su pelo ensortijado, sus ojos claros color miel – eso lo
note después que conste- y su sonrisa franca y hermosa, hicieron que las
piernas me temblarán, el corazón se acelerara, y el pensamiento volando rápido
dijera ¡Soy de ahí!
Y así fue, como decía desde el momento
de la entrada, al mirarla ella correspondió a mi mirada, y a la sonrisa un
tanto tímida que le lance al principio. Así que decidido avance a donde se
encontraba, y sin preámbulos la invite a la pista a bailar.
Comenzamos bailando una cumbia
colombiana, en aquellos años eran las que “rifaban” en los famosos “tibiris” de
mi amada Neza, así que hice gala de mis mejores pasos, para ver si eso la convencía de que siguiera
bailando conmigo.
Y, creo que eso dio resultado, ¿o
sería que la atracción fue mutua?, no lo se, pero después de una buena ronda de
cumbias, y de hablar de cosas triviales, sin pensarlo cuando me di cuenta nos mecíamos
al ritmo de una pieza musical muy romántica.
Así que sin más, “me lance al ruedo”,
y sin pensarlo mucho le dije: “Irene, quieres ser mi novia” –hay que recordar
que para esos momentos ya nos habíamos presentado-, a lo que para mi regocijo
respondió un si, que casi al instante fue interrumpido por mis labios, que
buscaban la miel de los de ella.
De esta forma fue como inicio un noviazgo
que duro cerca de 10 años, cuando comenzamos a andar yo tenia 16 años, ella 15
recién cumplidos, o sea que me perdí el honor de ser su chambelán. Nos amamos
intensamente, pero siempre de la manera más pura, creo ese fue un amor limpio
libre de pasiones.
Nuestros encuentros nunca pasaron de
besos, abrazos y frases cursis, que para nosotros estaban llenas del amor que
nos profesábamos. Y, como consecuencia, comencé a frecuentar su casa, conocí a
sus viejos, unos viejos a toda madre. El suegro fanático de todo lo que tenía
que ver con lectura y ajedrez.
Y un gaznate fino para beber todo tipo
de bebidas espirituosas, pues congeniamos bastante bien desde el principio, ya
que había ocasiones en que al regresar del cine con mi novia, y después de dar
cuenta de la infaltable cena, un agasajo a los sentidos, y sobre todo al
paladar, ya que la suegra guisaba
delicioso.
Mi suegro y yo pasábamos a la sala, y
dábamos rienda suelta a competidos y reñidos juegos de ajedrez, o bien a la
lectura de algún buen libro, y después a opinar sobre el contenido del mismo, amaneciéndonos
la mayoría de las ocasiones.
Llego a haber tal confianza con los
padres de mi novia, que ellos me decían –y me siguieron diciendo siempre- yerno
y yo a ellos suegros. Pero, siempre debe de haber un pero, creo que en la vida
nunca existirá la felicidad perfecta o completa.
Así finalmente y después de 9 años de
noviazgo –duramos casi 10-, decidimos hacer planes de boda, y comencé a
ahorrar, vimos fecha, misa, padrinos, música, invitaciones, en fin todo. Pero
la vida, ¿o el destino? me tenían reservada una cruel sorpresa.
A escasamente un mes de la boda,
Irene me entregó la invitación, al verla
le dije que estaba muy bien, que era tal
cual y como las habíamos escogido, pero me dice: “Ábrela y léela, por que tú no
eres el novio”.
Pensé me estaba bromeando, le dije: “con
eso no se juega”, me responde: “No es juego, es la verdad”. Sentí como un
mazazo en la cabeza, pero dije esta me quiere hacer enojar, y le pregunto: “Y
si yo no soy el novio, para qué chingaos me das la invitación”
Me responde la cabrona: “Es que
quiero que asistas a mi boda, quiero ver si eres lo suficientemente hombre,
como para ver y soportar perderme”. Me dije en mis adentros, puta madre hombre
si soy, y si la pierdo lo mismo será si asisto o no a la boda.
Así que el día de la boda, llegue a la
iglesia con el traje que me había comprado para la ocasión, obvio pensando el que estaría frente al altar sería yo, al
verme los suegros se pusieron nerviosos, pero no dijeron nada, termina la ceremonia
religiosa, y nos vamos a la casa, en aquel tiempo no se acostumbraban tanto los
salones de fiestas.
Y viene la otra parte, la ceremonia por
el civil, y a la hora de presentar los novios sus testigos, ella me llama y me
dice quieres ser mi testigo, tragándome mi orgullo, le dije si. Fue de esta
forma como con mi firma le daba también mi bendición. Mi corazón sangraba, pero
mis huevos me decían aguante cabrón.
Comienza la fiesta, el baile, el
disfrute para todos, se acerca el suegro y me dice: “Hijo, de corazón, quiero decirte
gracias, no se que paso. Esta niña, nos
aviso de último momento; pero quiero que sepas que esta seguirá siendo tu casa
las veces que quieras visitarnos. Y que para nosotros seguirás siendo nuestro
yerno.
¡Puta madre!, ¡Me rompió la madre!, y
no pude aguantarme cuando me abraza, las lágrimas salieron a raudales, pasa el
momento de debilidad y me dice: “¡Vente hijo, si hoy es día de fiesta, vamos a
disfrutarla y a ponernos hasta la madre!”
Nuestro día de fiesta, duro
exactamente 15 días, el día que regresaron los recién casados, yo aún me
encontraba en esa casa, tomando con el suegro, no embrutecidos, solamente
alcoholizados, jajaja.
Fue un golpe demoledor lo acepto pero
el tiempo cura todas las heridas, mis suegros ya fallecieron, ella aún vive,
tuvo 3 matrimonios, pero en todos fracaso y termino siendo una “barragana”, yo
lo supere y a la fecha soy feliz con lo que tengo. Por eso no me queda nada mas
que decir: “Gracias Irene, por esa lección que me fortaleció como no imaginas,
y que Dios te bendiga, y en mi corazón aún ocupas un lugar muy especial, ya que
fuiste el amor de mi vida.
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