MI PADRE
Segunda y última parte.
Por: Néstor Jaime Islas Carreto.
Su llegada al Distrito Federal, ya no
fue tan angustiante, ya que tenia edad suficiente para valerse por si mismo, no
como cuando llego a Texcoco, y con la otra atenuante de que cuando escapo
después del desgraciado accidente, se trajo consigo el dinero de las ventas,
cosa que le sirvió para tener que comer durante algunos días.
En lo que encontraba a sus hermanos
quienes se habían escapado también de con los tíos, y ahora vivían en ese gran
monstruo de concreto que era la gran ciudad.
Cosa que supo por algunos familiares,
a quienes veía regularmente en Texcoco, cuando iban a hacer sus entregas de
pulque, lo único que sabía era que trabajaban en un estacionamiento, en la
colonia Tránsito, también se entero de que sus parientes nunca los buscaron por
que creían que así tenían menos problemas.
Preguntando finalmente dio con el
lugar que buscaba, y al reencontrarse los tres hermanos, se abrazaron llenos de
felicidad. Los tres muy parecidos, blancos, de ojos claros y guardando en sus
miradas jirones de el sufrimiento padecido.
Los hermanos hablaron con el patrón,
quien estuvo de acuerdo en aceptar al visitante, así Guillermo el mayor 15
años, Horacio el mediano 13 años y Mariano el menor de 11 años, volvían a
reencontrarse para no volverse a
separar, hasta muchos años después cuando uno a uno, tuvieron que partir a
donde ya no se regresa.
Durante todos los años siguientes,
fueron mejorando tanto en el trabajo, como en su vida personal y en educación,
ya que siendo analfabetas, por esfuerzo propio aprendieron a leer y escribir, y
cada uno paso de ser lavador de coches y veladores del estacionamiento a
empleos diferentes.
Guillermo quedo como encargado del
lugar hasta que ya no pudo trabajar, Horacio aprendió a manejar y termino
conduciendo camiones de transporte público y Mariano como engrasador de carros.
Los tres formaron sus respectivas
familias, y a todos nos enseñaron el valor del trabajo, de la honradez y de la
disponibilidad para ayudar a quienes sufren algún tipo necesidad o maltrato.
Considero la mejor herencia que pudieron dejarnos fue esa.
A grandes rasgos esta fue la
semblanza de la difícil vida de mi padre y sus hermanos a quienes la gente conoció
mayormente como “Los Gatos” por el color
de sus ojos. Gracias Jefe por todo lo que nos enseñaste.
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