MI
MADRE
POR: Néstor Jaime Islas Carreto
¡Hijo levantate! ¡Es hora de que
pongamos el puesto! ¡Hablale a tu
hermano para que nos ayude! ¡Que se nos hace tarde!
Me parece escuchar a mi madre, cuando
aún éramos unos niños de 8 y 10 años de edad. Diariamente nos parábamos antes
de las cuatro de la mañana, para ayudarla a sacar el puesto de jugos y café, y
mientras ella atendía a los clientes, mi hermano y yo; nos apresurábamos a
ofrecer entre los aun adormilados pasajeros, nuestras gelatinas y arroz con
leche, para ayudar a sostener el hogar.
Ya que la terminal de los camiones
quedaba a unos cuantos pasos de nuestra casa, lo que nos permitía tener una
vendimia medianamente regular.
Mientras tanto mi hermana dos años mayor
que yo, se encargaba de preparar en el hogar los uniformes escolares de los
tres hermanos, y algo que desayunar, justamente a las seis de la mañana, terminábamos
nuestra venta y nos preparábamos para asistir a la escuela, pero mi madre se
quedaba hasta más tarde para ayudar a mi padre con los gastos del hogar.
Ya que siendo seis hermanos, difícilmente
alcanzaba lo que ganaba el hombre de la casa , y por lo tanto ella tenía que
contribuir para completar los gastos.
Mi madre en aquellos tiempos una
mujer joven, acostumbrada a trabajar desde muy pequeña, a los nueve años se escapo de su casa, cansada de las
golpizas y malos tratos de su padre, cosa que le sirvió para forjarse un carácter
indomable; y la enseño a enfrentar la adversidad con una sonrisa en la cara, o
una lágrima según fuera el caso.
A nosotros nos enseño a ver la vida
desde otra perspectiva, ya que mientras los vecinitos jugaban, nosotros trabajábamos,
mientras los demás se iban de paseo, nosotros salíamos a buscar piedras, para
rellenar el patio y que el lodo no nos afectara tanto. Cuando los demás niños
estaban comiendo o haciendo tarea, nosotros trabajábamos barriendo camiones.
Cuando inicio el “negocio” de jugos y
café, mi madre tuvo que conseguir
prestado para comprar las cosas necesarias para iniciar. Ya que la economía que
teníamos era tan mala, que a veces íbamos a la escuela con un jarro de te y una
tortilla con sal, como único alimento.
Pero con su iniciativa, sus ganas de
salir adelante, y su tesón. Mi madre logró sacar adelante a la familia, siendo el
eje central donde girábamos todos. A pesar de no haber estudiado, de ser
analfabeta, paso a ser una persona con
ganas de progreso. Con más hambre de aprender, que de comer y así se labro una
vida llena de triunfos, ya que aprendió a inyectar, poner sueros, cortar pelo,
hacer permanentes, y finalmente se dedico a la herbolaria.
En esta última actividad se volvió
famosa en el barrio, y mucha gente recuerda que gracias a sus hierbas, se
curaron de sus males, o alguno de sus familiares encontró el alivio con sus
plantas. Y hoy en día a sus 78 años de edad, sigue trabajando como si fuera una
jovencita, y cuando le decimos que ya descanse, que deje de trabajar, nos
responde que eso solo lo hará cuando se muera.
Es por eso que en este día quiero
agradecer públicamente a mi madre, por haber sido un ejemplo digno de seguir. Ya
que nos enseño a ganarnos honradamente lo que tenemos, a ayudar a aquel que se
acerque en busca de apoyo o de consuelo, a darle un taco al hambriento, agua al
sediento y cobijo al desamparado.
Y todo esto, sin falsas promesas, sin
buscar el aplauso o el reconocimiento, únicamente por el placer de saber que
has hecho algo bueno en la vida, que has ayudado a tus semejantes sin esperar a
cambio nada, únicamente el saber que los demás están bien, es saber que has
ganado algo más hermoso que dinero. Gracias Carola por todas tus enseñanzas. Te
quiero con madre. Madre.
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